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lunes, 8 de enero de 2007

Cutre y sin imaginación


Cutre y sin imaginación. Así me pareció la llamada Cabalgata de Reyes Magos en Arrecife. Ciudad que supera los 50.000 habitantes y que en citas como ésta ejerce de imán atrayente de la gente de los campos. Y de la costa. Cutre, muy cutre me pareció a mí y a las personas con las que he hablado con posterioridad a la cosa esa. Entre ellas una niña de nueve años a la que se le supone que acude a estos sitios anestesiada de juicio objetivo. Pues no. Ella también se dio cuenta de lo absolutamente cutre de la puesta en escena de la comitiva Real. Cutre y sin imaginación, insisto.

Cutre porque es escasamente presentable que se despache en cinco minutos de reloj una cita que miles de niños y niñas aguardan desde hace semanas. Muchos de ellos llegados de fuera de Arrecife, con antelación, con atascos, con aparcamiento vigilado por esa gente a la que nadie vigila. Una hora para llegar, cinco minutos para esquivar caramelazos y otra hora para volver.

Cutre porque no basta con una batucada indispensable e imprescindible, a lo que parece, en cualquier sarao que monte el ayuntamiento de María Isabel Déniz. Porque lo de la batucada (Villa Pipol, que son unos fenómenos) está muy bien en carnavales, pero pega un poco menos en Reyes o, cuanto menos, no ha de ser el único referente musical de esta Fiesta. Mucho ruido al principio y silencio sepulcral al paso de Reyes y carrozas (ni un mísero equipo de sonido que llenara de espectacularidad las decoradas plataformas)

Cutre porque las citadas carrozas iban tiradas por vulgares camiones sin la menor decoración que las integrara en lo que los niños creen que es una comitiva Real y real. Porque no se sabe bien quién carajo son o que representan los que van montados en ellas. Salvo, eso sí, la concejala de Festejos, Encarna Páez, que sí se sabe quien es y qué va buscando allá arriba vestidita toda de blanco (al menos se cortó un pelo y no lució pegatina de Coalición Canaria).

Cutre porque los invitados a la Cabalgata a modo de malabares escupían un fuego que asustaba a los niños y escenificaban patadas y collejas como fácil fórmula para despertar la risa. Poco tardaron dos pibillos ubicados a mi vera en imitar las gracias de los graciosos.

Cutre, muy cutre, y ausente de imaginación. No es problema de dinero, es problema de un mal funcionamiento de la fábrica de diseñar sueños. O de la Gerente de esa fábrica, porque me resulta difícil creer que el personal esté tan escaso de ideas (al menos los que conozco en Cultura dan para mucho más, si les dejaran).

Por sugerir: en el Viejo Puerto, quizá un año los Reyes puedan llegar en barco a Naos mientras exista Naos. Puede que las entusiastas alumnas de las Escuelas de Gimnasia quieran participar a modo de decenas de duendes revoloteando alrededor de la comitiva. A lo mejor a la Banda de Música Municipal le encantaría dar solemnidad a la Cabalgata. Unos voladores podrían anunciar que empieza la Fiesta, unos potentes altavoces llenarían de música las carrozas….Una Cabalgata, en fin, alegre y vistosa, solemne y jaranera que se mostrara cual arco iris en el atardecer del 5 de enero.

En lugar de ello sólo tenemos una cosa gris, de trámite, cutre y sin imaginación que indigna a mayores y desilusiona a los niños. Pero donde la concejala se lo pasa de puta madre montada en la Carroza. Enhorabuena.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Cuento (capitalino) de Navidad


Todo huele ya a Navidad. El malpaís es muérdago, los volcanes escupen nieve, el jodío reguetón se vuelve villancico y Papa Noel empieza a dar el coñazo. He leído por ahí que cada españolito que vino al mundo apoquinará unos ochocientos euros por no salirse del guión establecido en estas entrañables fiestas. Ciento treinta mil pelas en langostinos, turrón, vino y voladores. Pero no todos las disfrutarán por igual, claro. Los habrá que ni huelan el jamón y otros a los que les sobrará para meterse cuatro rayas de más. Como siempre, vamos. Este año, fíjense, los Reyes se han adelantado y ya vinieron. De regalo: el centro de Salud de Titerroy y eurillos para las tiendas de ropa más selecta y para las peluquerías más de moda.

Son fiestas de excesos y buen rollito. Como el de la alcaldesa de Arrecife, María Isabel Déniz, que luce radiante de sentido del humor y lo comparte con los periodistas y, a través de ellos, con todo bicho viviente en el viejo Puerto. Así me pareció cuando la primera dama capitalina fue cuestionada sobre una deuda que dice Alternativa Ciudadana que el ayuntamiento mantiene con Urbaser, la empresa que recoge las basuras, dice que limpia las calles y corta el césped y mutila árboles. Nada menos que mil cuatrocientos millones de las desaparecidas pesetas. Pasta gansa. ¿Será verdad? ¿Será mentira? Pues ni idea, vamos. La alcaldesa se mofó de Alternativa y de paso de todos los que le votaron y de quienes, sin votarles, quieran saber si está la Casa común empeñada hasta las cejas.

“No sabía que Urbaser tuviera un concejal en el ayuntamiento” –se burló la primera edil. “Ahora ya se que el concejal de Urbaser es el de Alternativa Ciudadana” continuó la aspirante al Club de la Comedia. Burla burlando, chacota y chirigota, mofa y cuchufleta y a otra cosa mariposa. ¡Pero qué simpática! Debe ser el espíritu de la Navidad que se le ha adelantado. Algo parecido le pasó a Mr. Scrooge en el Cuento de Dickens cuando convirtió al viejo huraño en un tipo de lo más amable. Lo hizo mediante el espíritu de tres navidades: las pasadas, las presentes, las futuras.

El del Pasado le mostró su propia infancia alejada de la ambición que luego demostraría. El del Presente la austeridad y desgracia en casa de su empleado de Urbaser….uy, perdón de su empleado Bob Cratchit, donde a pesar de todo celebran la Navidad. Y, por fin, el fantasma del Futuro que le enseña al viejo arisco cómo pierde las elecciones…vaya, otra vez; que le enseña a Mr. Scrooge cómo son las navidades futuras con él en la tumba. El cuento de Dickens acaba bien, porque es un cuento.  Pero lo del ayuntamiento es una realidad, ¿triste?.