Asoma mayo en el horizonte y el mundo del deporte, en Lanzarote, comienza a latir en clave Ironman. Se puede hacer de dos maneras: vivirlo desde cerca, disfrutarlo, sentirlo, apoyarlo…o como suele hacerlo desde hace unos años Manuel Cabrera. Claro, Manuel Cabrera, como ciudadano de a pie puede pensar que la prueba deportiva que más prestigia a Lanzarote en el exterior, y uno de sus principales (y más baratos) elementos de promoción turística, en general, es sólo una molestia para la circulación de vehículos por las carreteras de la isla ese último sábado de mayo, un coñazo para los que pasean por la Avenida de Puerto del Carmen o una contaminación en el mar a poco que a un par de centenares de participantes les dé por mear en la marea todos al mismo tiempo.
Pero resulta que el ciudadano Manuel Cabrera es, además, Consejero de Deportes del Cabildo de Lanzarote. Y ahí la cosa ya cambia. Y cambia porque a un cargo público se le ha de exigir mayor capacidad de reflexión que la que suele expresar cada año cuando los demás sentimos ese cosquilleo de orgullo al ver a miles de personas vibrar con el Ironman. Básicamente la idea del Consejero suele ser que va siendo la hora de que el Ironman deje de recibir ayudas públicas porque no deja de ser una prueba deportiva organizada por una entidad privada que, además, cobra a quienes quieren participar. Creo que me dijo 450 euros cuando me dejó un mensaje en el buzón de voz cerca de la medianoche del jueves cuando se enteró que lo estaban criticando en “el Facebook”.
“Es que, en estos tiempos, si no tenemos dinero para los demás por qué se lo vamos a dar al Ironman”. Un argumento tan absolutamente débil como muchos de los que suele expresar y que no tardan en ser desautorizados por el Presidente del Cabildo quien se ha especializado en dejar en evidencia (con el culo al aire, en vulgo) a Manuel Cabrera en no pocas ocasiones en esta legislatura. Una vez el Consejero se enfadó tanto que amagó con dimitir. Pero no lo hizo. Lástima.
Verán. Sólo con que en el Cabildo de Lanzarote se queden sin liberar a cinco de los quince profesionales que nos gobiernan (y diez liberados me seguirían pareciendo muchos para un territorio tan pequeño como Lanzarote) las arcas públicas se ahorrarían 250.000 euros al año (calculado a razón de 50.000 euros/año para cada político). Con ese dinero, además de ahorrarnos políticos que trabajan poco y mal, cuando lo hacen, el Consejero de Deportes tendría para el Ironman y esos “demás” que dice que tampoco reciben ayudas.
Pero dejemos de mirar lo que el Cabildo destina al Ironman como una “ayuda”. Afortunadamente para ellos, y para los conejeros que trabajan para ellos, La Santa no precisa de demasiadas ayudas. Veámoslo como una promoción más. Lanzarote, como una de las primeras marcas turísticas europeas, debe publicitarse en el Ironman. Y eso cuesta dinero. El camino contrario es dejar que las marcas “Gran Canaria” o “Tenerife” se lo lleven. Y luego a lamentarnos.
Así que, sinceramente, creo que lo mejor que le puede pasar al Ironman es que no se creen dudas de este tipo cada vez que se acercan las fechas de su celebración. Y, ya en general, lo mejor que le puede pasar al deporte conejero es que su máximo responsable político dimita. Hasta él mismo sería más feliz. Para Manuel Cabrera, en alguna ocasión lo ha dicho, dedicarse a esto es medio engorroso. Como muestra un botón: en su WhatsApp (mensajería de móvil), donde quien más quien menos tiene escrito “Disponible”, él no se corta y pone “No me molesten a no ser que sea necesario”. Definitivo.
.... está bien eso de "No me molesten a no ser que sea necesario".
ResponderSuprimirEn fin Jaime qué decir de nuestra maravillosa clase política....
Pues eso, que tengas un buen fin de!