jueves 3 de marzo de 2011

El Caso San Bartolomé (y II)

La pizzería Australia estaba situada en Las Buganvillas. Solía ir a almorzar bastante a menudo a ese lugar de nobles asturianos, y del Sporting, donde miles de lanzaroteños han saciado el apetito al salir del cine, o antes de iniciar la marcha de viernes o sábados. Guardo un buen recuerdo, sobretodo, de un filete que llamaban Milanesa, así que no me extraña que mientras José Luis Brito perpetraba un atentado al buen hacer democrático, yo me estuviera metiendo entre pecho y espalda un buen escalope con su correspondiente Dorada. En esas estaba cuando me advirtieron de los sucesos de San Bartolomé.

Serían cerca de las dos de la tarde cuando me sentaba ante los micrófonos de Radio Volcán, entonces asociada a Antena 3 Radio. A esa misma hora mi compañero en informativos, José Antonio Cabrera, subía a San Bartolomé donde multitud de ciudadanos, de manera espontánea se iban concentrando en la plaza del ayuntamiento tras enterarse de que José Luis Brito había adelantado el Pleno de su moción de censura ante la sorpresa general y la ausencia de los censurantes quienes, a esas horas también, regresaban de su concentración en Playa Blanca sin acabar de creerse del todo lo que estaba ocurriendo.

Fueron muchas horas de radio ininterrumpidas en las que no pasaron pocas cosas. Intentamos reflejar la indignación popular, incontenible en los pórticos de la Casa Consistorial en cuyo interior se encontraba un cada vez más agobiado Alcalde. A lo largo de toda la tarde trataron de hacerle ver el disparate que había cometido pero él, terco como un mulo, ni quería ver ni quería escuchar…hasta la medianoche, cuando claudicó. José Luis Brito firmó su dimisión de la que se arrepentiría a la mañana siguiente, cuando la emprendió a denuncias contra todo el mundo.

Brito, auxiliado por un abogado un tanto extravagante pero muy en boga en los 80 y 90 entre la clase política lanzaroteña, Raimundo Cova Barroso, se querelló contra el Grupo de los 7 (concejales censurantes) a quienes acusaba de presionarle hasta que perdió su voluntad y firmó la dimisión. También denunció al abogado que asistió a estos, al mando de la Guardia Civil que se negó a cargar contra el pueblo que pedía su dimisión, a un vecino al que acusaba de atentado por tirar la puerta del ayuntamiento y, entre otros, por supuesto a mí también acusándome de ser el autor de los delitos de injurias, calumnias y de incitación a la rebelión popular.

La tontería del pleito duró nada menos que ocho años. Tiempo que empleó el estrafalario letrado en llevarnos a juicio oral entre no pocas triquiñuelas de su representado que cuando no tenía fatiga, estaba de viaje y, cuando no, le entraban siete males nuevos. Y a las puertas del juicio, Cova Barroso que renuncia al caso. Y otra demora más. Total que todos los acusados fuimos absueltos y Brito condenado por vacilarse a la Justicia (dicho esto en lenguaje alejado de los tecnicismos, claro).

En mi caso me absolvieron porque entre más de diez horas de radio ininterrumpidas no encontraron en mí ninguna exclamación que cuadrara con eso de las injurias y las calumnias y porque, como parece obvio, informar de unos hechos no es invitar a nadie a la rebelión. Me ahorré dos años de cárcel, otros dos de destierro y catorce millones de pesetas de indemnización que me pedían los personajes esos. Qué cosas.

[Próxima entrega: Fuerteventura]

Si pudiera morir dos veces, y siendo Lanzarote el lugar que he elegido para convertirme en ceniza, la segunda opción sería Fuerteventura. Una isla que aprendí a amar a través de los ojos y del corazón de una mujer y su familia.

2 comentarios:

  1. .... te acuerdas cuando había hasta salas de cine al lado de la pizzería, qué tiempos!

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  2. Yo creo que en nuestra generación no ha habido nadie que no haya cenado con la piba, o el pibe, en la Australia, jaja. Y lo de los cines, qué flipe cuando los pusieron !! multicines en Arrecife jajajaja

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