sábado 26 de febrero de 2011

Cuando me enseñaron a comer

Dicen las normas del protocolo y del saber estar, que hay determinados alimentos que sí podemos comer con los dedos. Desde luego el pan cuando mojamos un huevo frito (es de hortera pincharlo previamente con un tenedor), también los espárragos (si bien parece que las modernas tendencias de ahora recomiendan cubiertos)…eso sí, comer con los dedos significa comer con DOS dedos de cada mano: índice y pulgar, a modo de pinza. Y, por supuesto, lo de chuparse los dedos es sólo algo simbólico que los argentinos aseguran que se lo inventaron ellos y que tiene que ver con sus asados. Ellos sabrán.

El caso es que yo, sin llegar a ser un finolis repelente, sí fui educado para utilizar cubiertos aún en las más difíciles situaciones, tales como quitar la cáscara a los langostinos o lo más absurdo de no virar el plato para aprovechar toda la sopa (extremo éste que no pienso cumplir en mi vida: las últimas cucharadas de sopa son las más ricas y si para ello hay que semi volcar el plato, pues se vuelca y punto). Pero debo reconocer que no me gusta mancharme mucho los dedos, sinceramente. Sin embargo, en las cosas del protocolo, siempre hay quien opina lo contrario.

Es lo que me ocurrió en La Graciosa, la verdadera octava isla del Archipiélago y no Venezuela, como dicen los nacionalistas, durante una visita oficial del presidente del Gobierno de Canarias, que creo recordar que era Fernando Fernández, del CDS. Era la época de un solo restaurante en aquella isla. De cuando tenías que reservar paella nada más llegar en el barco porque si no te quedabas sin comer. No era el caso de las visitas oficiales, claro. Alguien de la comitva de la presidencia se encargaba de organizar todo para que allí no faltara de nada.

Bueno, pues terminado lo que allí fuere a hacer el Presidente, nos dirigimos al restaurante de Enriqueta donde nos esperaban generosas fuentes de ensalada, varias sartenes de lapas, no pocos platos de papas arrugás con sus mojos y bandejas y bandejas de pescado frito, entre ellos, las incomparables cabrillas de carnes sabrosísimas….y pegajosas.

Y fue allí, en ese lugar y momento, que me enseñaron a comer. Porque andaba yo a vueltas con el cuchillo y el tenedor separando de sus espinas la carne de las cabrillas, cuando noto un ligero (tirando a mediano) toque en el hombro izquierdo y, al tiempo que me giraba a ver quién era, reconocer al camarero decir a voz en grito:

-“¡Muchacho, que eso se come con los deos!”

Exactamente así: con los deos. Y a ello me puse. Recordé los esfuerzos de la familia por conducirme por el mejor de los caminos y ahora que soy yo el conductor de las nuevas pasajeras que han llegado a mi vida, no dudo en recomendarles, a mis hijas, que ese pescao, así, se come con los “deos”, que no con los dedos, que eso es de mala educación.

[Próxima entrega: La Cicciolina y yo]

¿Se acuerdan de la Cicciolina?...sí, hombre, aquella porno star, llamada en realidad Illiona Staller, que llegó a ser parlamentaria en Italia. Pues la Cicciolina estuvo en Lanzarote una vez, y puedo decir que la expresión que hoy utilizan los jóvenes cuando van a las discotecas, esa de “meterse de todo”, hubo un tiempo en que tuvo otro significado…..

4 comentarios:

  1. Ja, ja ja, lo que hubiera pagado yo, por verte en esa casa Enriqueta comiéndote las falúas con cuchillo y tenedor!!!!!

    ResponderSuprimir
  2. Solo un inciso, La Pensión Girasol, en su restaurante fue la pionera en servir de forma masiva comida a los visitantes que recalaban por la octava isla Canaria como usted menciona.

    ResponderSuprimir
  3. Me parecen muy buenas las anécdotas. Buenos tiempos, aquellos en A toda Costa... Pero a la buena amiga Obeblog le preciso que "comiéndote las FULAS..." porque como te tuvieras que comer con cuchillo y tenedor las FALÚAS te veo aún, tantos años después, en el Charco de San Ginés sobre alguna de ellas haciendo la digestión... Saludos.

    ResponderSuprimir